Cuando llega la Cuaresma, pocas cosas apetecen tanto como una bandeja de masa recién frita, todavía tibia y cubierta de azúcar. Los buñuelos de cuaresma combinan una miga ligera con aromas de anís, limón y, según la zona, un toque de vino dulce. Aquí encontrarás una receta tradicional para unas 20 unidades, además de consejos para controlar la fermentación, la fritura y las versiones más conocidas.
La receta tradicional depende de una masa aromática y una fritura bien controlada
- Rendimiento: unas 20 unidades medianas.
- Tiempo total: aproximadamente 2 horas y 15 minutos, incluida la fermentación.
- Claves: respetar el reposo, mantener el aceite entre 165 y 175 ºC y no hacer piezas demasiado grandes.
- Aromas tradicionales: matalahúva o anís, ralladura de limón y un poco de anís seco o vino dulce.
- Acabado: azúcar granulado, azúcar glas o una mezcla de azúcar y canela.
Qué distingue a este dulce de Semana Santa
En España conviven varias recetas bajo el mismo nombre. Algunas parten de una masa fermentada, parecida a la de un bollo tierno, mientras que los buñuelos de viento se preparan con una masa escaldada que se hincha al freírse. No son exactamente iguales, aunque ambos resultan ligeros y se sirven a menudo durante la Cuaresma.
La versión que propongo es la de inspiración catalana, próxima a los buñuelos del Empordà. Lleva levadura, huevo, mantequilla y matalahúva, una semilla con sabor anisado. En mi opinión, tiene un carácter más casero y aromático que la masa de viento, sobre todo cuando se deja fermentar sin prisas.
También existen variantes rellenas de crema, nata, trufa o cabello de ángel. Yo reservaría esos rellenos para una ocasión especial, porque el buñuelo tradicional ya tiene suficiente personalidad con un buen acabado de azúcar y una fritura limpia.
Ingredientes y cantidades para una bandeja casera
Con estas proporciones se obtienen unas 20 piezas pequeñas o medianas. El tamaño importa: si se hacen demasiado grandes, se doran por fuera antes de cocinarse bien en el centro.
| Ingrediente | Cantidad | Para qué sirve |
|---|---|---|
| Harina de trigo | 200 g | Forma la estructura de la masa |
| Levadura fresca | 15 g | Aporta volumen y esponjosidad |
| Leche tibia | 30 ml | Ayuda a activar la levadura |
| Azúcar | 30 g | Endulza y favorece el dorado |
| Huevo | 1 unidad grande | Da color, unión y ternura |
| Mantequilla | 20 g | Redondea la textura |
| Matalahúva o anís en grano | 3 g | Aporta el aroma más característico |
| Ralladura de limón | De 1 limón | Equilibra el dulzor |
| Sal | 4 g | Intensifica el sabor |
| Aceite para freír | Abundante | Permite una cocción uniforme |
Para terminar necesitarás entre 80 y 100 g de azúcar. Puedes mezclarlo con una pizca de canela, aunque yo prefiero probar primero la versión sencilla para apreciar mejor el anís y el limón.

Cómo preparar la masa paso a paso
1. Activa la levadura
Disuelve la levadura fresca en la leche tibia junto con una cucharadita del azúcar. La leche debe estar templada, no caliente. Si quema al tocarla, puede debilitar la levadura y dejar una masa pesada.
2. Une los ingredientes
Coloca la harina en un bol y añade el azúcar restante, la sal, la matalahúva y la ralladura de limón. Incorpora el huevo, la mantequilla blanda y la mezcla de leche y levadura. Remueve hasta obtener una masa húmeda y algo pegajosa.
No conviene añadir harina sin medida para hacerla más manejable. Esa corrección suele producir buñuelos compactos. Es mejor trabajar la masa durante 8 o 10 minutos, hasta que gane elasticidad.
3. Deja que fermente
Forma una bola, tapa el bol y deja reposar la masa entre 60 y 90 minutos en un lugar templado. Estará lista cuando aumente claramente de volumen, aunque no tiene que duplicarse de forma exacta.
La temperatura de la cocina cambia mucho el resultado. En una estancia fría puede necesitar más tiempo, mientras que cerca de una fuente de calor fermentará antes, pero también puede desarrollar un sabor menos equilibrado.
4. Forma las piezas
Unta ligeramente tus manos con aceite y divide la masa en porciones de unos 18 a 22 g. Puedes hacer bolas o abrir un pequeño agujero en el centro con el dedo. Este último formato facilita una cocción más uniforme y recuerda a los buñuelos del Empordà.
Déjalos reposar otros 15 minutos sobre una bandeja. No los aplastes durante este segundo reposo, porque parte del aire acumulado en la fermentación se perdería.
La fritura decide si quedan ligeros o grasientos
Calienta abundante aceite en una cazuela o sartén profunda. La temperatura ideal se encuentra entre 165 y 175 ºC. Sin termómetro, introduce un trocito de masa: debe empezar a burbujear de inmediato y subir poco a poco, sin oscurecerse en pocos segundos.
Fríe pocas unidades cada vez, dejando espacio para que se muevan. El aceite debe cubrirlas casi por completo y la cocción suele tardar entre 3 y 4 minutos, dependiendo del tamaño. Dales la vuelta para que el color sea uniforme.
- Si se doran enseguida, el aceite está demasiado caliente.
- Si permanecen hundidos y absorben aceite, la temperatura es insuficiente.
- Si se abren demasiado, la masa puede estar sobrefermentada o mal cerrada.
- Si quedan crudos dentro, las porciones son demasiado grandes o la fritura ha sido demasiado rápida.
Retira cada pieza sobre papel absorbente y pásala por azúcar cuando aún esté caliente. Así el azúcar se adhiere mejor. Para un resultado más fino, puedes usar azúcar glas, aunque el granulado ofrece el acabado más tradicional.
Errores habituales y cómo corregirlos
La masa no crece
La causa más frecuente es una levadura vieja, una leche demasiado caliente o una cocina fría. Si después de 90 minutos la masa no muestra actividad, no merece la pena freírla tal cual: los buñuelos quedarán densos y con poco aroma.
Quedan crujientes fuera y pesados dentro
Este problema suele aparecer cuando el aceite supera los 180 ºC. Baja el fuego y espera unos minutos antes de continuar. También ayuda reducir el tamaño de las porciones y mantener una temperatura estable durante toda la tanda.
Absorben demasiado aceite
El aceite frío, una masa excesivamente blanda o una sartén demasiado llena pueden provocar este resultado. Fríe en tandas pequeñas y deja que el aceite recupere el calor entre una y otra. El papel absorbente ayuda, pero no puede arreglar una fritura mal controlada.
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El sabor a anís resulta demasiado intenso
La matalahúva debe perfumar, no dominar. Para una primera prueba, utiliza 2 g en lugar de 3 y evita añadir anís seco al final. Después puedes ajustar la cantidad según el gusto de tu familia.
Versiones que puedes preparar sin perder el espíritu tradicional
La receta admite cambios, pero cada uno modifica bastante el resultado. Esta comparación ayuda a elegir antes de empezar.
| Versión | Textura | Cuándo elegirla |
|---|---|---|
| Masa fermentada | Tierna, aromática y ligeramente elástica | Para una receta tradicional de Cuaresma |
| Buñuelo de viento | Hueco y ligero, parecido a una pasta choux | Para rellenar con crema o nata |
| Relleno de crema | Más húmedo y goloso | Para servir como postre festivo |
| Con canela y azúcar | Más cálido y especiado | Cuando se busca un acabado sencillo |
También puedes sustituir parte de la leche por vino dulce, siempre que reduzcas ligeramente el azúcar. No recomendaría hornearlos si buscas la textura auténtica: el horno ofrece una alternativa menos grasa, pero el resultado se parece más a un bollo que a un buñuelo.
Lo ideal es comerlos el mismo día, cuando conservan el contraste entre exterior dorado y centro tierno. Si sobran, guárdalos en un recipiente cerrado a temperatura ambiente durante un máximo de 24 horas. El frigorífico suele endurecerlos y el recalentado en microondas los vuelve gomosos.
El detalle final que convierte una tanda casera en un dulce de fiesta
Sirve los buñuelos en una fuente amplia, espolvorea el azúcar justo antes de llevarlos a la mesa y acompáñalos con café, chocolate caliente o una copa pequeña de moscatel. No hace falta rellenarlos ni decorarlos demasiado. En esta receta, la masa recién frita, el aroma de anís y el punto exacto de azúcar hacen todo el trabajo.
Mi recomendación es preparar una tanda pequeña la primera vez y anotar tres datos: cuánto fermentó la masa, qué temperatura tenía el aceite y cuánto pesaba cada pieza. Con esos ajustes tendrás una receta mucho más fiable para repetir durante la Semana Santa y convertirla en una tradición propia.