Cómo hacer masa madre en casa y usarla en masas dulces

Un muffin dorado, recién horneado, envuelto en papel de horno. Perfecto para acompañar tu proceso de hacer masa madre.

Escrito por

Mara Quintana

Publicado el

8 jul 2026

Índice

Un tarro de harina y agua puede convertirse en el ingrediente que dé carácter a tus panes, brioches y otras masas dulces. Hacer masa madre en casa requiere pocos ingredientes, pero sí observar el ritmo de la fermentación, aprender a alimentarla y saber cuándo está realmente lista para trabajar.

Una masa madre activa necesita tiempo, alimento y una temperatura estable

  • Ingredientes básicos: harina y agua, siempre pesadas en gramos.
  • Tiempo inicial: suele tardar entre 5 y 10 días en ganar fuerza suficiente.
  • Señal de actividad: duplica su volumen en unas 4-8 horas y presenta burbujas regulares.
  • Mantenimiento: en la nevera basta con refrescarla aproximadamente una vez por semana.
  • Para masas dulces: conviene usar un fermento fuerte, menos ácido y alimentado antes de incorporarlo.

Tarro de vidrio con masa madre burbujeante, lista para hacer pan. El proceso de hacer masa madre es un arte.

Qué necesitas para empezar sin complicarte

La masa madre es un cultivo vivo de levaduras y bacterias beneficiosas que fermenta una mezcla de harina y agua. No hace falta comprar un kit especial. Yo empezaría con un tarro de cristal de al menos 750 ml, una báscula digital, una cuchara limpia y una tapa colocada sin cerrar herméticamente.

Para las primeras tomas prefiero una harina integral de trigo o de centeno, porque suele aportar más microorganismos y minerales que una harina muy refinada. Después, cuando el cultivo ya sea estable, puedes mantenerlo con harina panificable de trigo si quieres un sabor más suave y un comportamiento más predecible.

El agua debe estar limpia y no tener un sabor intenso a cloro. Si el agua del grifo es potable pero muy clorada, utiliza agua filtrada o déjala reposar unas horas. La temperatura ideal del entorno está entre 22 y 26 ºC; por debajo irá más despacio y con calor excesivo puede acidificarse demasiado.

La proporción más sencilla

Trabaja siempre por peso, no por vasos o cucharadas. Una hidratación del 100 % significa mezclar la misma cantidad de agua y harina. Para empezar, utiliza 50 g de harina y 50 g de agua. La textura debe parecerse a una crema espesa, no a una masa dura ni a una sopa.

Deja la mezcla en un lugar sin corrientes de aire y marca con una goma el nivel inicial. Esa pequeña marca ayuda mucho más que mirar el reloj, porque permite saber si el cultivo ha crecido, ha alcanzado su máximo o ya ha empezado a bajar.

Cómo crear el cultivo paso a paso

El calendario puede variar según la harina y la temperatura, así que lo importante es observar las señales. Un proceso que en una cocina cálida tarda cinco días puede necesitar ocho o diez en invierno. La paciencia aquí no es un detalle decorativo, es parte de la receta.

Día Qué hacer Qué observar
1 Mezcla 50 g de harina y 50 g de agua. Crema espesa, sin actividad visible al principio.
2 Remueve. Si hay líquido o burbujas, sigue con el primer refresco. Aroma de cereal, fruta o ligera acidez.
3-4 Conserva 50 g de cultivo y añade 50 g de agua y 50 g de harina. Más burbujas y crecimiento, aunque puede haber un día de aparente parón.
5-10 Refresca cada 24 horas o cuando haya alcanzado su máximo. Debe subir con regularidad y oler agradablemente ácido.

El primer refresco

Cuando aparezcan burbujas, retira parte de la mezcla hasta dejar aproximadamente 50 g. Añade otros 50 g de agua y 50 g de harina, remueve bien y vuelve a marcar el nivel. Desechar una parte no es un capricho: evita que el tarro crezca sin control y mantiene una cantidad razonable de alimento para los microorganismos.

Durante los primeros días puede producirse una subida espectacular y después desaparecer casi por completo. Es normal. Esa primera explosión no significa que el cultivo ya esté listo, por lo que yo esperaría a ver varios ciclos de crecimiento consecutivos antes de preparar pan.

Cómo saber que está lista

Una masa madre madura suele duplicar su volumen entre cuatro y ocho horas después de alimentarla, aunque el tiempo depende de la temperatura y de la proporción utilizada. Tiene burbujas en el interior, una superficie ligeramente abombada y un aroma ácido agradable, parecido al yogur, la fruta fermentada o una cerveza suave.

La prueba de poner una cucharada en agua puede orientar, pero no es definitiva. Una masa muy hidratada puede flotar sin estar suficientemente fuerte, y otra más densa puede hundirse aunque fermente bien. Para mí, la señal más fiable es su capacidad de crecer de forma repetida.

Cómo alimentarla y conservarla sin desperdiciar harina

El refresco consiste en retirar una parte del cultivo y añadir harina y agua nuevas. Una proporción cómoda para el mantenimiento es 1:1:1, por ejemplo, 30 g de masa madre, 30 g de agua y 30 g de harina. Si necesitas más cantidad para una receta, puedes aumentar los tres pesos manteniendo la relación.

Si horneas a diario, puedes dejarla a temperatura ambiente y alimentarla una o dos veces al día. Para un uso ocasional, guárdala en la nevera después de alimentarla y espera a que empiece a activarse durante una o dos horas. El frío ralentiza la fermentación, pero no la detiene por completo.

Cómo reactivarla antes de hornear

Saca el tarro de la nevera y deja que pierda parte del frío. Conserva unos 20 o 30 g, añade la cantidad de harina y agua que necesites y colócala en un lugar templado. Para una masa dulce, prefiero hacer dos refrescos previos si llevaba muchos días olvidada, porque así reduzco la acidez y aumento la fuerza fermentativa.

Una fórmula práctica es 20 g de cultivo, 40 g de agua y 40 g de harina. Si después de seis u ocho horas ha subido claramente y vuelve a tener burbujas, puedes usarla. Si apenas se mueve, repite el refresco y no la incorpores todavía a la masa principal.

Qué hacer con la parte retirada

El excedente puede utilizarse en tortitas, crackers, crepes o bizcochos, siempre que huela bien y no presente moho. No necesitas conservar grandes cantidades. Mantener 30-50 g de cultivo suele ser suficiente para seguir alimentándolo y evita acumular un tarro cada vez más grande.

El uso en masas dulces cambia las reglas

La masa madre funciona muy bien en masas dulces, pero el azúcar, la mantequilla, los huevos y la leche ralentizan la fermentación. Por eso un brioche o unos rollos de canela necesitan más tiempo que un pan sencillo. El resultado puede ser aromático y tierno, pero no conviene esperar que suba con la misma rapidez.

Para estas elaboraciones el cultivo debe estar especialmente activo. Yo lo alimento con harina blanca y lo utilizo cuando ha alcanzado su máximo volumen, antes de que se hunda. Así consigo un sabor más equilibrado y evito que la acidez domine preparaciones delicadas como un brioche, un roscón o unos bollos de canela.

Una proporción orientativa

En una masa dulce, una cantidad habitual puede ser entre 15 y 25 % de masa madre respecto al peso de la harina. Por ejemplo, para 500 g de harina podrías emplear entre 75 y 125 g de cultivo al 100 % de hidratación. La receta debe tener en cuenta el agua y la harina que ya contiene esa masa madre.

Si la masa lleva mucha mantequilla o azúcar, la fermentación puede alargarse entre ocho y doce horas, según la temperatura y la fuerza del cultivo. No te fijes solo en el tiempo. Busca una masa visiblemente más aireada, con volumen aumentado y una textura elástica.

Lee también: Postres con masa filo - Recetas crujientes y sin errores

Menos acidez y más aroma

Un cultivo alimentado con frecuencia y utilizado en su punto máximo suele dar un perfil más suave. Si huele intensamente a vinagre o acetona, normalmente necesita alimento, no más tiempo de fermentación. En ese caso, haz uno o dos refrescos con una proporción mayor, como 1:2:2 o 1:3:3.

También ayuda mantener una parte del cultivo algo más espesa. Una masa madre firme madura más despacio y puede resultar útil para masas enriquecidas, donde interesa controlar la fermentación. No hay una única textura correcta, pero sí conviene mantener siempre una rutina para que el comportamiento no cambie de una receta a otra.

Errores que debilitan el fermento

El fallo más habitual es alimentarlo siguiendo horas fijas sin mirar su estado. Si ya ha crecido y se ha hundido, probablemente ha consumido buena parte de su alimento. Si todavía está en plena subida, añadir más harina demasiado pronto puede diluir la población activa y hacer que parezca más débil.

  • Usar medidas por volumen: la harina se compacta y altera mucho la proporción de agua.
  • Cerrar el tarro a presión: la fermentación produce gas y necesita una salida segura.
  • Cambiar de harina constantemente: dificulta saber qué ritmo es normal para tu cultivo.
  • Trabajar con demasiado frío: el fermento puede parecer inactivo aunque siga vivo.
  • Utilizarlo demasiado pronto: unas pocas burbujas no garantizan que tenga fuerza para levar una masa.

Una capa de líquido oscuro en la superficie suele indicar hambre y puede mezclarse o retirarse antes de alimentar. En cambio, si aparece moho, manchas rosadas, naranjas o verdes, o un olor claramente putrefacto, lo prudente es desechar todo el contenido y empezar de nuevo con un tarro limpio.

Tampoco recomiendo intentar salvar un cultivo que ha estado contaminado. El horneado no convierte automáticamente un alimento deteriorado en seguro, y el ahorro de unos gramos de harina no compensa el riesgo.

Una rutina sencilla para que dure meses

Una vez estable, conserva una pequeña cantidad en la nevera y aliméntala aproximadamente cada siete días. Si vas a hornear el fin de semana, puedes refrescarla el viernes por la tarde, dejarla activarse y volver a alimentarla el sábado por la mañana según la cantidad que pida la receta.

Después de usarla, reserva de nuevo 20-30 g, añade harina y agua, espera a que empiece a fermentar y guárdala fría. Esta rutina reduce el desperdicio y mantiene el cultivo manejable incluso si no preparas pan con frecuencia.

La masa madre no tiene que comportarse igual todos los días. La harina, el agua, la temperatura de la cocina y el tipo de receta modifican su ritmo. Cuando aprendes a leer sus burbujas, su olor y la marca del tarro, dejas de depender de horarios rígidos y empiezas a trabajar con mucha más seguridad.

El tarro que mejor te prepara para la próxima masa dulce

Si estás empezando, mantén una masa madre de trigo al 100 % de hidratación y trabaja con cantidades pequeñas. Refresca hasta que duplique su volumen con regularidad, dale un último alimento antes de cada elaboración y reserva más tiempo del que reservarías para una masa con levadura comercial.

En repostería fermentada, la diferencia no suele estar en añadir más cultivo, sino en usarlo en su momento de máxima actividad. Con una rutina estable tendrás un fermento menos ácido, más predecible y capaz de aportar aroma y textura a tus masas dulces sin convertir el proceso en una prueba de paciencia interminable.

Preguntas frecuentes

Mezcla 50 g de harina y 50 g de agua, siempre pesados en gramos. La hidratación al 100 % debe producir una textura parecida a una crema espesa. Una temperatura ambiente de 22 a 26 ºC favorece una fermentación estable.

Debe duplicar su volumen aproximadamente entre cuatro y ocho horas después de alimentarla, mostrar burbujas regulares y tener una superficie ligeramente abombada. La señal más fiable es que repita varios ciclos de crecimiento, no solo una primera subida espectacular.

Para un uso ocasional, guárdala en la nevera después de alimentarla y refresca el cultivo aproximadamente una vez por semana. Antes de hornear, conserva 20 o 30 g, añade la harina y el agua necesarios y deja que se reactive en un lugar templado.

Usa un cultivo especialmente activo, alimentado con harina blanca y en su máximo volumen, antes de que se hunda. Si llevaba muchos días olvidado, haz dos refrescos previos para reducir la acidez; en masas dulces puede utilizarse entre un 15 y un 25 % de masa madre respecto al peso de la harina.

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fermentación brioche roscón masa madre

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Mara Quintana

Mara Quintana

Hola, me llamo Mara Quintana y tengo seis años de experiencia en el fascinante mundo de la repostería, los dulces, los snacks y las bebidas. Desde pequeña, siempre he disfrutado de la cocina, pero fue al experimentar con recetas y sabores que descubrí mi verdadera pasión por la repostería. Me encanta explorar nuevas tendencias y técnicas, y mi objetivo es compartir mis conocimientos para ayudar a otros a disfrutar de la creación de postres y snacks en casa. En mis escritos, me enfoco en desglosar recetas complejas y simplificar conceptos para que sean accesibles para todos. Siempre me aseguro de verificar las fuentes y ofrecer información precisa y actualizada, porque creo que la cocina debe ser tanto divertida como educativa. Espero que mis contribuciones en lametro.es sean útiles y te inspiren a experimentar en la cocina.

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