Cuando una rosquilla queda seca, aceitosa o sin apenas aroma, casi siempre el problema está en la masa o en la temperatura del aceite. En esta guía explico cómo preparar unas rosquillas de anís fritas, tiernas y aromáticas, con cantidades claras, tiempos orientativos, trucos para formarlas y alternativas al horno.
La receta tradicional funciona cuando la masa queda tierna y la fritura es breve
- Rendimiento: unas 20-24 unidades medianas.
- Reposo: entre 20 y 30 minutos para que la masa se relaje.
- Fritura: aceite abundante a unos 165-175 ºC.
- Aroma: anís dulce, ralladura de limón y, opcionalmente, matalahúva.
- Conservación: hasta 3 o 4 días en un recipiente bien cerrado.

Qué distingue a unas buenas rosquillas de anís
Este dulce pertenece a la repostería casera más reconocible de España. La masa lleva ingredientes sencillos, pero el resultado cambia mucho según la cantidad de harina, el reposo y la fuerza del fuego. Para mí, una buena pieza debe quedar dorada por fuera, tierna en el centro y con un perfume claro de anís, sin que el licor resulte agresivo.
No conviene confundirlas con las rosquillas de San Isidro, que suelen hacerse al horno y pueden llevar diferentes baños o coberturas. Las fritas tienen una corteza más sabrosa y una miga algo más húmeda, aunque también absorben más grasa si el aceite no está bien caliente.
Ingredientes y receta base para 20 o 24 unidades
| Ingrediente | Cantidad |
|---|---|
| Huevos | 2 unidades |
| Azúcar | 100 g |
| Aceite suave | 80 ml |
| Anís dulce | 50 ml |
| Ralladura de limón | 1 limón |
| Harina de trigo | 350-400 g |
| Levadura química | 10 g |
| Matalahúva o anís en grano | 1 cucharadita, opcional |
| Aceite para freír | El necesario |
Empieza batiendo los huevos con el azúcar hasta que la mezcla se vea algo más clara. Añade el aceite, el anís dulce y la ralladura de limón. Si utilizas matalahúva, puedes incorporarla directamente o calentarla durante unos minutos con el aceite de la masa para extraer mejor su aroma.
Mezcla la harina con la levadura y agrégala poco a poco. La masa debe quedar blanda, manejable y ligeramente pegajosa. No intentes corregirla echando harina sin límite, porque ese es el camino más rápido hacia unas rosquillas duras.
Cubre el bol y deja reposar la masa entre 20 y 30 minutos. Después podrás trabajarla con las manos untadas con unas gotas de aceite, algo mucho más eficaz que enharinar constantemente la encimera.
Cómo formar y freír las rosquillas sin que se abran
Una forma sencilla de darles tamaño uniforme
Divide la masa en porciones de unos 25-30 g. Haz un cilindro de aproximadamente 10 cm, une los extremos y ensancha el agujero con los dedos. Conviene dejarlo bastante abierto, porque durante la fritura la masa crece y puede cerrarse.
Prepara todas las piezas antes de encender el fuego. Así trabajarás con más calma y evitarás que unas se frían mientras todavía estás formando otras. En mi experiencia, las rosquillas demasiado gruesas se doran por fuera antes de cocinarse bien por dentro.
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La temperatura que marca la diferencia
Calienta abundante aceite de girasol o un aceite de oliva suave hasta alcanzar 165-175 ºC. Si no tienes termómetro, introduce un pequeño trozo de masa: debe subir poco a poco y formar burbujas constantes, sin quemarse al instante.
Fríe pocas unidades cada vez durante unos 2 o 3 minutos, girándolas para que se doren por ambos lados. Si añades demasiadas, la temperatura baja y el resultado será aceitoso. Cuando estén doradas, pásalas a papel absorbente y rebózalas en azúcar mientras aún están templadas.
Horno, anís en grano y otros cambios útiles
También puedes prepararlas al horno, aunque el resultado será diferente. Colócalas sobre una bandeja con papel vegetal y hornéalas a 180 ºC durante 15-18 minutos, hasta que tomen color. Quedan más ligeras, pero pierden parte de la corteza característica de la fritura.
Para un aroma más profundo, combina el licor con una cucharadita de matalahúva. La ralladura de naranja funciona bien si buscas un perfil más dulce y cítrico, mientras que una pizca de canela aporta un tono cálido sin ocultar el anís.
Si prefieres evitar el alcohol, sustituye el licor por 50 ml de infusión concentrada de anís y añade un poco de anís en grano. La textura puede variar ligeramente, pero el sabor seguirá siendo reconocible. No confiaría en que la cocción elimine por completo el alcohol si la receta se prepara para niños o personas que deben evitarlo.
Errores habituales y cómo conservarlas tiernas
- Demasiada harina: produce una masa compacta y unas piezas secas. Añádela gradualmente.
- Aceite frío: la masa absorbe grasa y queda pesada. Espera a que recupere temperatura entre tandas.
- Aceite excesivamente caliente: dora el exterior antes de cocinar el interior. Baja el fuego si se oscurecen en menos de un minuto.
- Agujero pequeño: puede cerrarse durante la fritura y dejar el centro crudo.
- Exceso de tiempo: una rosquilla muy tostada pierde la ternura que buscamos.
Una vez frías, guárdalas en una lata o recipiente hermético a temperatura ambiente. Se mantienen mejor durante 3 o 4 días si no las mezclas con coberturas húmedas. El frigorífico no suele ser buena idea, porque endurece la masa y apaga el aroma.
Para servirlas, basta con azúcar, aunque también puedes preparar una mezcla de azúcar y canela. Me gusta acompañarlas con café con leche, chocolate caliente o una infusión, especialmente cuando todavía conservan un ligero calor en el centro.
El punto exacto se reconoce antes de probarlas
La señal más fiable no es solo el color. Al sacar una pieza del aceite, debe sentirse ligera, con una corteza fina y un interior que ofrezca algo de resistencia al presionarlo. Si ajustas la harina con prudencia, mantienes el aceite estable y no sobrecargas la sartén, tendrás unas rosquillas aromáticas, doradas y tiernas sin complicar una receta que vive precisamente de su sencillez.